viernes, 25 de mayo de 2007

La dama de mar

La busco en el mar, en mis sueños, en mi realidad, en mi insomnio y en la vigília... Al caminar o al parar... Pregunto por las calles por ella... Saben de su existencia, pero nadie es capaz de dirigirme a su encuentro... Un indicio, una pista... Tan sólo pido eso...

Deseo dibujar una sonrisa en sus labios, acariciar su alma con mi mirada... Reflejarme en sus ojos y saber que es mía... Sentir su piel contra la mía... El fuego contra el hielo... Por último guardarla como el tesoro entregado más preciado. Protegerla con mi vida, hasta el último día de la misma.

Mis pasos llegan hasta el mar, donde éste me frena. No me permite seguir mi camino. En ese momento me pregunto qué habrá más allá de ese horizonte.

Qué no daría por volver a tocarla... Su piel morena, tostada al sol. Escuchar su dulce voz y su suave murmullo... No me importa luchar contra su guardián que la protege y rodea. Sé que lo venceré, como tantas veces antes...

Ella sabe que aún lejos está en mi pensamiento y aguarda mi regreso. Para ofrecerme su rubia arena. Sus largos días a la brisa de su guardián y del sol radiante que alimenta su piel para que de su entrañas nazcan delicadas flores que le dan colorido a su piel morena.

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